A finales de los años sesenta en España el mundo de la moto era bastante impopular, pero a los ojos de un niño de siete años aquel mundo resultaba mágico y deslumbrante, por eso, a pesar de la oposición familiar y social el pequeño Jorge no quiso conformarse con mirar absorto a los chicos mayores que probaban sus motos de carreras, entre los que por cierto, se encontraba su hermano mayor.
Jorge era un niño menudo, que se escapa de casa para acercarse al mundo de las dos ruedas cobijado en la pandilla de los mayores, pero su determinación era firme y pasó a la acción en enero de 1979, corriendo su primera carrera en un circuito urbano, sobre una Derbi de cuatro velocidades que había alquilado por 2.600 pts, más posibles caídas o averías mecánicas...y acabó segundo.
A partir de ahí el sueño había comenzado a hacerse realidad. Jorge competía con asiduidad, aunque cambiando de montura en cada carrera y sin poder afrontar ningún campeonato al completo, pero la temporada 81 fue diferente y aquel intrépido valenciano consiguió su primer título de Campeón de España sobre una Bultaco monocasco 50 que le prestó un señor que sería para él todo un referente: Ricardo Tormo.
Su carrera continuó ascendiendo en los años siguientes. Jorge firmó un contrato con la firma Metrakit y consiguió su primer podium mundialista, pero lo que fue realmente determinante fue la llegada a su vida de la marca Derbi, en 1984, comenzando a partir de ahí una trayectoria que sería imparable, porque junto a la familia Rabasa comenzó a forjarse el piloto y también la persona.
Formar parte de Derbi era un sueño dorado, aparecieron en escena los patrocinadores, la prensa... y las grandes victorias, aunque siempre guardará con especial cariño en su memoria el recuerdo de su primer triunfo, en el Gran Premio de Holanda del año 84. Jorge se impuso en la categoría de 80cc inscribiendo su nombre en el “libro de oro” de la catedral del motociclismo: Assen.
Ciertamente, él había sido contratado por Derbi como segundo piloto, pero el desgraciado accidente de Tormo hizo que recayera en Jorge toda la responsabilidad del equipo y él supo tirar del carro sin complejos, cosechando un éxito tras otro.
Ganar un Gran Premio es inolvidable, pero hacerlo en casa es aún mucho más entrañable y Jorge lo consiguió al imponerse en el Gran Premio de España celebrado en el circuito del Jarama en el año 1985. El año siguiente consiguió su primer título mundial, el de 80cc., revalidando su corona en los años siguientes, 86, 87 y en 1.988, cuando consiguió su último Campeonato por partida doble porque se impuso en las categorías de 80cc y de 125cc.
La temporada 89 fue su último año en Derbi y la verdad es que fue un año bastante complicado porque a Jorge le acompañaron las averías y las lesiones, de modo que al año siguiente se embarcó en el proyecto J.J-Cobas con motor Rotas, para afrontar las categorías de 125cc y de 250cc, que se habían convertido en su punto de mira. Las cosas no salieron todo lo bien que se esperaba, pero hubo grandes alegrías entre las que cabe destacar dos títulos nacionales y cuatro victorias en Grandes Premios.
En 1991 continuó pilotando la J.J-Cobas pero con motor Honda y las cosas tampoco funcionaron, de modo que en 1992 “Aspar” decidió montar su propio equipo para tener el control absoluto de lo que sucedía a su alrededor. Puso todas sus esperanzas en este nuevo proyecto corriendo con una Honda con motor oficial, un excelente equipo y el respaldo de un gran patrocinador, pero el resultado tampoco fue el esperado.
Fueron unos años difíciles y el apoyo institucional resultó fundamental para llevar adelante temporadas como la de 1993, en la que cabe destacar algunas actuaciones de Jorge sobre la dos y medio, tan brillantes como esporádicas, porque a pesar de su interés, su carrera seguía centrada en 125cc.
En el año 94 continuó en la pequeña cilindrada, pero comenzó el proyecto Yamaha y de nuevo consiguió grandes éxitos, entre otros vencer su último Gran Premio, en Argentina. Después comenzó la época con Aprilia y consiguió el título de Campeón de Europa...y en 1997 colgó definitivamente el mono, dio por finalizada su carrera como piloto pero siguió y sigue hoy en día soñando con motos, como cuando era un chaval, pero dirigiendo un potente equipo con la experiencia de quien ha estado compitiendo durante diecinueve años ininterrumpidamente.
Por su vida deportiva pasó de todo, desde las carreras de pueblo con amigos más que rivales, hasta las tremendas luchas en la cumbre, con Nieto, Crivillé, Capirossi, Alzamora o Rossi. Ha sido catalogado, técnicamente, como uno de los pilotos más grandes de la Historia, dotado de una gran sensibilidad y al mismo tiempo un adversario letal que era capaz de eclipsar por completo a sus rivales.
Se enfrentó con gran competitividad a varias generaciones en los circuitos y vivió en primera persona la revolución técnica y electrónica del Mundial, elevando a lo más alto el mundo del motociclismo, que pasó de estar mal visto a ser uno de los deportes más seguidos y mejor considerados en España, en gran medida, gracias a Jorge Martínez Salvadores, “Aspar”.